Buen día Cristian, :)
Bueno, ya te
imaginarás...
Hace meses, sobre todo
desde el curso de los
péndulos, que te quiero
escribir diversas
experiencias, pero
siempre, como 7 u 8
veces, se me ha colgado
el ordenador o el correo
electrónico. Por tanto
pensé que ya llegaría el
momento y fui guardando
y apuntando diversas
cosas; ahora ya hacía
desde Julio que no había
añadido nada, o sea que
cuando pone "ayer" en el
mensaje que has
recibido, era Junio.
Curiosamente, antes de
ayer (de verdad), o sea
el 22 de sept., pensé
que debía terminar la
carta y enviártela, pero
no lo hice, porque voy
muy ocupada estos meses
y ...salió sola. Ni
siquiera tengo
constancia en la carpeta
de elementos enviados y
me sorprendí al recibir
tu respuesta. La carta
ha desaparecido de mi
ordenador, y así mis
apuntes, y a ti sólo te
ha llegado la parte que
no cuenta las muy
"interesantes"
experiencias, que en
general no he comentado
con nadie ni siquiera
con Nícola, que es con
quien más hablo, o según
Pavel, porque algunas
son muy especiales,
incluso a mí ahora
algunas me parecen como
un sueño del que, al
cabo de un tiempo, ya no
recuerdas todos los
detalles, sino fuera por
la sensación vivencial y
hasta física que me ha
quedado; supongo que
deben permanecer en mi
interior como
experiencias mías de mi
proceso personal.
Sólo intentaré contarte
una, que es la que se
menciona en el trozo de
carta que has recibido.
Después de dejar la moto
en el taller, me dirigí
andando al entonces
nuevo tranvía, que lleva
de Barcelona a mi casa y
yo aún no había probado.
Llegué allí al cabo de
unos 30 min., en ese
estado que vas andando
en la 2ª atención,
aunque con la orden de
percibir lo importante
en relación a lo que
estás haciendo. En el
andén, me informé del
tram que tenía que
coger: era el T3. Había
a mi lado una Sra. mayor
y un niño... y más
personas. Al llegar el "tram"
entré por la puerta más
cercana, que era la
segunda después de la
que daba al conductor.
Sólo entrar escuché como
en off la voz de la Sra.
mayor hablando con el
conductor (una puerta
más adelante): Había
perdido la bolsa con la
ropa de su nieto en el
tram que la había dejado
hacía unos min. en el
andén contrario y quería
saber a quién recurrir o
a dónde llamar para
intentar recuperarla, ya
que su hija la reñiría
mucho, si la perdía.
Aún de pie,
automáticamente mi vista
cayó en el asiento que
tenía delante y, al ver
allí una bolsa, supe que
era la que buscaba la
Sra. De todos modos, le
pregunté al joven que
estaba sentado al lado,
si la bolsa era suya, y
éste me contestó, que
no, que no sabía de
quién era ni por qué
estaba allí.
Llamé a la Sra. y está
no pudo con su asombró,
ya que había dejado la
bolsa hacía unos 10/15
min. en un tram T1 (este
era el T3) y que iba en
dirección contraria...
No dejaba de decir que
yo era un ángel, ya que
sino no se lo explicaba.
Le dije que no era
ningún ángel y que no
preguntara y simplemente
se sintiera feliz.
Ella y su nieto
salieron; yo me quedé
como temblando durante
bastante tiempo.
Por otro lado, también
deseaba comentarte que,
a lo largo de estos
últimos años, y
especialmente desde el
primer curso
de Visión, que
siempre será una de mis
mayores experiencias,
porque fue la que
instauró en mí la
certeza de que todo es
posible, la experiencia
de la LIBERTAD en
mayúsculas, han habido
como es normal muchos
cambios, pero sobre todo
una y otra vez esa
vivencia del "¡claro!
¡Eso es! o ¡Ahí está la
clave!". Una de esas
vivencias es la de que
todo es lo mismo, UNO,
cada religión en su
esencia dice lo mismo,
tantos escritores y
oradores inspirados
también dicen lo mismo;
en la 2ª atención, donde
el idioma y las letras
de las palabras se
borran y queda el
significado, todo es lo
mismo.
Cuando todo es lo mismo,
todo es mucho más fácil,
desaparece esa ansiedad
de que tienes que
aprender, estar aquí o
allí para no perderte
esto o lo otro, y
empieza a instaurarse la
paz, una paz que te
permite enfrentar y
traspasar -más que
superar- todo lo que
llega. Una paz que te
permite objetivar y
cambiar los conceptos
convencionales que, de
otro modo, te llevarían
a una acción o reacción
automática ante una
situación. Una paz que
te permite aceptar lo
que hay, porque sabes
que detrás se oculta un
misterio que tienes que
revelar. Una paz que
cada mañana te permite
despertar al nuevo día
con la aspiración de ser
lo más impecable
posible. Una paz que te
permite reírte de ti
mismo hasta, o sobre
todo, en las
circunstancias más
engorrosas y
desesperadas. Una paz
que se convierte en
gozo, porque de repente
te vuelves consciente de
que eres el instrumento
a través del cual el
Creador percibe su
Divina Obra.
Por eso también, después
de haberme introducido
en la esencia de las
diferentes religiones y
filosofías del mundo a
medida que iban
apareciendo por si
mismas en mi vida, volví
en este último año, como
asignatura pendiente, a
reasimilar/interpretar
los textos y
pensamientos cristianos,
porque con ellos he
crecido. A partir de ahí
llegaron a mis manos
escritos de pensadores
cristianos como Teilhard
de Chardin o de ex
sacerdotes como el ex
franciscano Leonardo
Boff (de la teoría de la
liberación) en Brasil y
el ex benedictino
Willigis Jäger en
Alemania (también
Maestro Zen), que
tuvieron que abandonar
la Iglesia Católica,
porque han adaptado su
cosmovisión a una más
actual, más humana, más
mística, con
contemplación/meditación,
y con frases como: Quién
siente a Dios en su
interior ya no necesita
rezar...
Esto me ha llevado a
alejarme un poco de los
ambientes más
“chamánicos” o
“esotéricos” y estar
entre gente que no tiene
ni idea de todas estas
cosas, al menos
conscientemente.
Necesitaba ir a lo más
sencillo, no creerme
nada ni comparar, no ser
nadie, simplemente dar
lo que podía sin ninguna
otra aspiración que la
de que llegara lo que
tenía que llegar. Estoy
dando cursos de “Masaje
Ayurvédico”, para
ponerle un nombre,
aunque yo los llamaría
cursos de “Cuidado
Esencial”, en centros
cívicos y alguna
fundación, para personas
de todas las clases
sociales (aparte de
seguir en mi consulta 2
o 3 días a la semana).
También hago
“experimentos” muy
bonitos como con unas
mujeres de un barrio muy
sencillo de Cornellá.
Una limpia y a veces
viene a mi casa a
ayudar. Un día me
preguntó que qué hacía
para tener un “tipo”
mucho mejor que el suyo,
siendo mucho mayor que
ella. Así fue como les
di unas instrucciones a
ella y a tres amigas
para cambiar un poco la
alimentación, integrar
en el cada día unos
simples ejercicios
físicos y de
respiración, y poner
algo de atención en el
cuerpo, como p.e. darle
las gracias por la noche
antes de dormir,
escuchando y sintiendo
atentamente todas las
partes y especialmente
las problemáticas. El
resultado, aparte de
adelgazarse unos kilos,
perder gran parte de
ansiedad, sentirse más
bellas, ir a la
peluquería, fue que los
maridos dejaron de ir al
bar por la tarde. Al ver
que sus mujeres ya no
los reñían al volver
“tocados” a casa y les
daba lo mismo, pensaron
que había que ver qué
estaba pasando. Ahora
tienen una vida familiar
mucho más alegre y
unida, y uno de los
hijos que aún mojaba la
cama con 8 años, de un
día para otro dejó de
hacerlo. Ya no hay
gritos, ni reproches ni
insultos, y todos,
especialmente los niños
son más felices. Bueno,
así muchas cosas.
Es curioso lo importante
que es encontrar el
lenguaje de las personas
que tienes delante;
entonces se abren y tu
proyección llega sin
problemas y comprenden
más allá de las
palabras. Y este
lenguaje lo encuentras a
partir de una extrema
humildad y entrega a una
sabiduría superior,
desde o en la segunda
atención.
La segunda atención es
ahora casi constante en
mi vida y cuando no lo
es, todo se descontrola,
porque yo quiero
controlar. Incluso no la
puedo evitar al
conducir, que además
ahora sé que ahí siempre
la he tenido, porque
aparece cuando uno se
concentra solo en lo que
está haciendo. Es
fundamental que la orden
no sea ver las
estructuras sutiles, que
se ven sin quererlo,
sino de atención a lo
que no es normal en el
tráfico. Así sabes antes
quién va a girar donde
no debe, o abrir una
puerta sin mirar, o te
equivocas de calle y das
un rodeo extraño para no
estar en el momento de
un accidente...
Otra cosa más. No te
acordarás, pero en el
curso de péndulos,
cuando hicimos el
ejercicio de
preguntarnos dónde
estaba nuestro problema,
si era físico,
energético, de chacras,
etc... me salió que era
el dinero o mi
incapacidad de mantener
un ritmo equilibrado de
ingresos. El péndulo
también me dijo que en
el plazo de un mes esto
cambiaría. Y así ha
sido, a lo largo del año
me he encontrado con mi
pasado para sanear
muchas cosas y por tanto
con gente de hace 15, 20
y 25 años; y me han
salido trabajos, como
los que hacía antes de
mi retiro hace 12 años
(al morir mi madre, el
último eslabón con mis
antepasados), en el
mundo de las relaciones
públicas y cine, etc.,
que me están dando la
oportunidad de ganar
dinero para poder
mantener y afianzar lo
otro, y de volver a unir
las partes separadas de
mi ser y de mi vida
anterior y actual.
Sin la segunda atención
no sería capaz de
neutralizar y
transformar toda esta
agresividad en este
sector (estoy
participando en una
coproducción de una
película para TV3 y una
TV alemana), ni de
trabajar tantas horas
sin mi espacio
individual, ni de saber
cómo hacer cosas que no
sabría en la primera
atención. Vuelve a ser
la paz, la paz en medio
de la batalla, aunque
una vez se ha vivido,
nunca se pierde la
nostalgia por la
soledad, el silencio, la
conexión directa p.e. en
medio de la naturaleza.
Es como si todo se fuera
poniendo en su lugar,
incluso mi hijo, que ha
estado años sacando una
agresividad extrema. Lo
conociste un día que
fuimos a buscar a Nícola.
Como nos había oído
hablar de ti en muchas
ocasiones quiso
conocerte, pero ese día
te sentí un poco cansado
y abrumado por unas
personas que te hacían
muchas preguntas.
Bueno, Cristian creo que
era ésta la carta que
debía escribirte en
señal de mi
agradecimiento por tu
impecabilidad, por tu
sincero esfuerzo hacia
todos nosotros, por el
importante trabajo que
realizas y, sobre todo,
por tu grandeza como
persona.
Espero que no te parezca
demasiado larga, aunque
sólo es un mínimo
resumen de tantas cosas,
pero ha salido así ...y
no sé qué o cómo te
llegará.
Un fuerte abrazo
Kathy
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